El juicio del Procés desnudó la asombrosa veta de inmundicias intelectuales y morales de unas élites que se creían por encima de las leyes. Los corresponsales extranjeros abarrotaron las primeras sesiones, pero abandonaron pronto: lo que parecía una ceremonia digna de Hemingway reveló pronto su carácter orwelliano, así como la xenofobia profunda y el desprecio al «demos» de una clase...








