“Cuando escuchó su nombre, claro y limpio, en el silencio solo habitado por el golpeteo de las gotas que caían sobre los árboles y las baldosas, se sobresaltó. Se volvió, un poco desconcertada, sin llegar a reconocer aquella voz masculina y grave que insistía en nombrarla. Recién cuando la sombra se acercó a pocos metros vio su rostro”.
En 1996, mientras impulsa la derogación de la...








