En casa y en el colegio nos enseñaron normas, nos contaron qué estaba bien y qué mal, nos dijeron qué hacer y cómo hacerlo, nos dieron más o menos amor, nos dijeron –y nos creímos– qué podíamos y debíamos hacer… y qué no. Pero no nos contaron el gigantesco potencial y valor que cada uno tenemos y cómo hacerlo aflorar para ser plenamente felices. No nos explicaron las sencillas...








